La hepatitis B es una infección hepática que puede ser mortal, causada por el virus de la hepatitis B (VHB). La hepatitis B representa uno de los más graves problemas de salud mundial. Este virus puede causar una infección crónica que expone las personas a un alto riesgo de muerte por cirrosis y cáncer hepático. La hepatitis C es una hepatopatía causada por el virus de la hepatitis C (VHC); este virus puede causar hepatitis aguda y también crónica, de gravedad variable desde una enfermedad leve que dura unas pocas semanas hasta una afección grave que dura toda la vida.

Desde 1982 se cuenta con una vacuna contra la hepatitis B. La eficacia de la vacuna es de 95% en la prevención de la infección y la evolución hacia una enfermedad crónica y el cáncer hepático por causa de la hepatitis B. En muchos países de América Latina y el Caribe se ha llevado a cabo la vacunación de puesta al día en personas mayores, así como la vacunación de grupos con mayor riesgo de infección. Los grupos con mayor peligro de infección incluyen a las personas que utilizan drogas inyectables, los hombres que tienen relaciones sexuales con otros hombres, las parejas sexuales de personas con infección por el VIH, las personas en prisión y otras personas como los receptores de hemoderivados y los profesionales de salud.

En la actualidad, no se cuenta con ninguna vacuna contra el VHC. En consecuencia, existe una necesidad aún mayor de redoblar las iniciativas en curso que procuran el tamizaje y la prevención de la transmisión de este virus. La OMS recomienda una prueba de detección para las personas que se consideran con un alto riesgo de infección (es decir, las personas que utilizan drogas inyectables y las personas con infección por el VIH), seguida de otra prueba en las personas con un resultado positivo del tamizaje, a fin de definir si presentan una infección crónica por el VHC.

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